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El trabajo de territorio: legislar desde las colonias

Análisis de Fondo: El trabajo de territorio: legislar desde las colonias

Por Redacción Ágora

Hay una distancia real entre el trabajo legislativo que se hace desde el escritorio y el que se construye recorriendo, semana tras semana, colonias y juntas auxiliares. No son excluyentes —de hecho, funcionan mejor juntos—, pero sí responden a lógicas distintas: uno se nutre de diagnósticos técnicos y comparativos legales; el otro, de lo que la gente dice cuando nadie graba ni transmite en vivo.

Cada vez son más los legisladores, de distintos partidos, que reconocen el valor de ese segundo ejercicio: caminar la calle, tocar puertas, escuchar directamente qué preocupa a una familia que sale a trabajar sin saber si alguien intentará robarle el celular en el camino de regreso. Ese tipo de información no aparece en ninguna base de datos oficial, pero termina siendo, muchas veces, el mejor termómetro de qué tan urgente es realmente una reforma.

El riesgo, claro, es que ese trabajo de territorio se quede en el gesto: la foto de la caminata, el video de la visita, sin que después exista una iniciativa, un exhorto o una gestión concreta que traduzca la queja vecinal en política pública. Cuando eso ocurre, el ejercicio pierde sentido y alimenta, en cambio, la desconfianza que dice combatir.

Cuando sí se traduce —cuando una ronda de baches se convierte en una partida presupuestal, o una queja de inseguridad se convierte en una mesa de coordinación con corporaciones policiacas—, el trabajo de campo deja de ser un ejercicio de imagen y se convierte en lo que debería ser siempre: la materia prima de la que se nutre la buena legislación local.

Ninguna reforma sofisticada sustituye esa cercanía. En un momento en que la confianza institucional es escasa, quizás sea precisamente ahí, en la calle y no en la tribuna, donde empieza a reconstruirse.

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