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El trabajo de territorio: legislar desde las colonias

Análisis de Fondo: El trabajo de territorio: legislar desde las colonias

Por Redacción Ágora

Hay una distancia real entre el trabajo legislativo que se hace desde el escritorio y el que se construye recorriendo, semana tras semana, colonias y juntas auxiliares. No son excluyentes —de hecho, funcionan mejor juntos—, pero sí responden a lógicas distintas: uno se nutre de diagnósticos técnicos y comparativos legales; el otro, de lo que la gente dice cuando nadie graba ni transmite en vivo.

Cada vez son más los legisladores, de distintos partidos, que reconocen el valor de ese segundo ejercicio: caminar la calle, tocar puertas, escuchar directamente qué preocupa a una familia que sale a trabajar sin saber si alguien intentará robarle el celular en el camino de regreso. Ese tipo de información no aparece en ninguna base de datos oficial, pero termina siendo, muchas veces, el mejor termómetro de qué tan urgente es realmente una reforma.

El riesgo, claro, es que ese trabajo de territorio se quede en el gesto: la foto de la caminata, el video de la visita, sin que después exista una iniciativa, un exhorto o una gestión concreta que traduzca la queja vecinal en política pública. Cuando eso ocurre, el ejercicio pierde sentido y alimenta, en cambio, la desconfianza que dice combatir.

Cuando sí se traduce —cuando una ronda de baches se convierte en una partida presupuestal, o una queja de inseguridad se convierte en una mesa de coordinación con corporaciones policiacas—, el trabajo de campo deja de ser un ejercicio de imagen y se convierte en lo que debería ser siempre: la materia prima de la que se nutre la buena legislación local.

Ninguna reforma sofisticada sustituye esa cercanía. En un momento en que la confianza institucional es escasa, quizás sea precisamente ahí, en la calle y no en la tribuna, donde empieza a reconstruirse.

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Juventud y renovación: el reto de todos los partidos

Análisis de Fondo: Juventud y renovación: el reto de todos los partidos

Por Redacción Ágora

 

La pregunta no es exclusiva de un partido: ¿cómo incorporar a las nuevas generaciones a una actividad —la política— que buena parte de los jóvenes observa con desconfianza? Las encuestas nacionales coinciden en un dato incómodo para toda la clase política: la mayoría de los menores de 30 años no se identifica con ningún partido y participa cada vez menos en estructuras tradicionales, aunque se mantiene activa en causas puntuales, redes de ayuda vecinal y colectivos temáticos.

El reto, entonces, no es solo abrir espacios —algo que prácticamente todos los partidos han prometido en los últimos años—, sino transformar la manera en que se ejerce el poder al interior de esas estructuras. De poco sirve integrar caras jóvenes a las boletas si las decisiones relevantes siguen tomándose exactamente igual que hace veinte años.

En Puebla, como en el resto del país, el fenómeno se repite: los cuadros dirigentes envejecen, en promedio, más rápido que la población a la que dicen representar. La consecuencia es una desconexión generacional que no se resuelve con un video en redes sociales, sino con relevo real en las candidaturas, en las comisiones legislativas y en la toma de decisiones internas.

Los partidos que logren resolver esa ecuación —relevo con experiencia, no relevo cosmético— tendrán una ventaja competitiva en la próxima década. Los que no, seguirán hablándole a una ciudadanía cada vez más joven con un lenguaje cada vez más viejo.

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Transparencia: el termómetro de la confianza ciudadana

Análisis de Fondo: Transparencia: el termómetro de la confianza ciudadana

Por Redacción Ágora

Ningún indicador es tan sensible al estado de ánimo de una sociedad como la confianza en sus instituciones, y pocos factores la erosionan tan rápido como la percepción de opacidad. Distintas mediciones nacionales —de organismos oficiales a asociaciones especializadas en acceso a la información— coinciden en un diagnóstico compartido por buena parte del espectro político: los gobiernos estatales, sin distinción de partido, siguen teniendo pendiente el ejercicio pleno del derecho a la información.

La razón práctica es sencilla de explicar y difícil de resolver: la transparencia total limita el margen de maniobra de quien administra el presupuesto, mientras que la opacidad selectiva —reservar solo la información incómoda— ofrece un control mucho más cómodo. La diferencia entre ambos modelos rara vez se nota en el discurso oficial, casi siempre favorable a “la máxima publicidad”; se nota en los tiempos de respuesta, en las reservas de información y en qué tan fácil es para un ciudadano común rastrear en qué se gastó cada peso público.

Los organismos autónomos de transparencia fueron diseñados, precisamente, para operar en esa zona gris. Su fortaleza institucional —presupuesto, autonomía real, capacidad de sanción— determina en buena medida si ese diseño funciona en la práctica o se convierte en un trámite más.

Para la ciudadanía, el efecto es acumulativo: cada solicitud de información reservada sin justificación clara, cada convenio no explicado, cada obra pública sin licitación visible, suma a una percepción de opacidad que después es muy costosa de revertir, incluso para gobiernos que sí operan con apego a la ley.

Vigilar esa transparencia —desde el periodismo, desde la oposición legislativa, desde la ciudadanía organizada— no es un ejercicio de sospecha permanente, sino la manera más directa de sostener, en el tiempo, la legitimidad de cualquier autoridad.

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Rafael Alejandro Micalco: “El Legislativo debe ser garante de los ciudadanos”

Entrevista Exclusiva: Rafael Alejandro Micalco: “el Legislativo debe ser garante de los ciudadanos”

Diputado local, licenciado en Administración por la UPAEP con estudios de posgrado en la Universidad Miguel de Cervantes en Chile, en el Centro de Estudios Políticos en Miami y en mercadotecnia por la Universidad de Barcelona. Con trayectoria en la función pública y política como ex Delegado Federal del Trabajo y Secretario en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Rafael Alejandro Micalco Méndez habla de su método legislativo, de las reformas que Puebla no puede seguir posponiendo y de su lectura del panorama estatal.

Con una trayectoria que incluye dos veces la dirigencia estatal del PAN, una diputación federal y tres locales, Rafael Alejandro Micalco Méndez es una de las voces más experimentadas del panismo poblano. En esta conversación con Ágora explica su método para construir iniciativas, señala los pendientes legislativos que considera prioritarios y ofrece su diagnóstico -directo y sin matices- sobre el estado actual de Puebla.

— Licenciado en Administración por la UPAEP, con estudios en mercadotecnia política en la Universidad de Barcelona y amplia experiencia legislativa: ¿cómo moldea esta visión técnica y administrativa su manera de construir iniciativas desde el Congreso Local?

Antes de proponer cualquier iniciativa, tengo que detectar con claridad la necesidad de reformar una ley: si responde a los efectos de la norma vigente, a un vacío legal o a una demanda ciudadana concreta. A partir de ahí, comparo el marco actual con lo que se propone y evalúo, sobre todo, si la iniciativa tiene impacto presupuestal.

Las reformas que afectan el presupuesto del gobierno estatal o de alguna dependencia son mucho más difíciles de consensuar: exigen un análisis financiero detallado, desglosar y proyectar el gasto hacia el siguiente ejercicio fiscal, y ahí es donde muchas veces la iniciativa se retrasa —o incluso no prospera— por límites presupuestales o por falta de voluntad política de quien administra esos recursos.

En cambio, cuando una propuesta no compromete el presupuesto —por ejemplo, cuando se trata de mejorar condiciones para la ciudadanía sin generar gasto adicional en personal o en nuevos instrumentos— el camino para sacarla adelante es mucho más sencillo.

— Ha impulsado reformas en materia de protección civil, privacidad de datos personales y fortalecimiento institucional. En la coyuntura actual de Puebla, ¿cuáles considera que son las iniciativas prioritarias que no pueden quedarse en la congeladora del Congreso?

Las que no pueden quedarse en la congeladora son, en primer lugar, las relacionadas con el combate a la corrupción. Hoy más que nunca vivimos esquemas y decisiones que se prestan a ella: faltan candados, reglas e instrumentos que acoten las decisiones de quienes gobiernan, tanto a nivel local como federal.

En segundo lugar está la transparencia, porque a mayor transparencia, menor corrupción. En el caso de Puebla, lamentablemente, sigue siendo una asignatura pendiente: buena parte de la información que podría resultar incómoda para el gobierno del estado se reserva por años, sin mayor explicación, en temas que van desde convenios con medios de comunicación hasta obra pública.

El tercer tema urgente es la salud, un sector deteriorado por la falta de recursos, medicamentos e insumos en los hospitales. Y el cuarto es la seguridad: la incidencia delictiva ha crecido, y cada vez son más los funcionarios municipales vinculados a investigaciones por presuntos nexos con el crimen organizado. Solo en Puebla hemos visto la detención de siete alcaldes, con al menos cinco más bajo investigación —una cifra sin precedente que, considero, debería encender las alertas.

“A mayor transparencia, menor corrupción.”

— Como dos veces dirigente estatal del PAN y referente histórico de la militancia, ha sido una voz firme respecto al rumbo interno del partido. ¿Qué necesita el panismo en Puebla para reencontrarse con su ciudadanía y recuperar espacios de representatividad?

He sido militante con un estilo frontal para abordar los temas al interior del partido: crítico, pero también propositivo. Con la experiencia que da un largo recorrido en esto, creo que, para que el partido recupere ese vínculo con la sociedad, necesitamos abanderar causas sociales concretas.

Entre ellas, el tema de la inseguridad, los temas de coyuntura y de cultura, la exigencia de rendición de cuentas y señalar con claridad los excesos del actual gobierno estatal, empezando por funcionarios de bajo perfil que cometen errores graves por falta de experiencia en el ámbito público.

Esos son los temas que preocupan a la ciudadanía, y si como partido no hablamos el mismo lenguaje, no compartimos ese horizonte ni abordamos públicamente lo que le importa a la gente, no vamos a recuperar esa relación de representación con los ciudadanos.

— Más allá de la curul y las comisiones, ¿quién es Rafael Micalco cuando no está en la tribuna? ¿Qué principios guían su día a día?

Rafael Micalco es un ciudadano común y corriente, con una vida cotidiana como la de cualquier otro: con un trabajo —que en mi caso es público—, con un horario y con objetivos, como cualquier otro empleo.

No me gusta el abuso de poder ni aprovecharme del cargo para fines personales, y procuro no ir más allá de lo que la responsabilidad exige. Mi vida personal la llevo como la de cualquier ciudadano normal.

— Con un recorrido sólido que abarca diputaciones locales, federales y la dirigencia de su partido, ¿hacia dónde apunta su proyecto político en el mediano plazo? ¿Cuáles son sus aspiraciones rumbo a los próximos procesos en Puebla?

Ya llevamos un recorrido importante en esta vocación política: he sido en dos ocasiones presidente estatal del partido, una vez diputado federal, tres veces diputado local, secretario general del PAN estatal, delegado federal del trabajo en Puebla, coordinador de campaña, consejero nacional y consejero estatal, entre otras responsabilidades.

En este camino he aprendido que las cosas se dan cuando uno hace bien su trabajo, y que lo

que venga dependerá de la coyuntura, de las necesidades del partido y de las circunstancias que se presenten. Hoy no podría decir con certeza qué posición ocuparé más adelante: podría ser desde una regiduría hasta una diputación federal, o bien apoyar la próxima campaña desde otra trinchera, organizando el trabajo municipal o distrital, e incluso cuidando el voto ciudadano el día de la elección.

Creo que hoy, más que nunca, el voto tendrá que cuidarse con puntualidad, porque las autoridades electorales, tanto locales como federales, están sujetas a presiones de los gobiernos en turno, y se necesita mucho de la ciudadanía para vigilar esas votaciones. Lo que sí puedo asegurar es que no voy a estar fuera de la actividad pública ni partidista: seguiré aportando desde la trinchera que me toque, porque estoy convencido de que ese esfuerzo conjunto —el del partido y el de los ciudadanos— abonará a corregir el rumbo del país en la elección de 2030.

“No voy a estar fuera de la actividad pública ni partidista: seguiré aportando desde la trinchera que me toque.”

— Si tuviera que definir el mayor desafío que enfrenta Puebla en este momento y la solución indispensable desde el Poder Legislativo, ¿cuál sería su diagnóstico directo?

Hoy tenemos un gobierno estatal autoritario, que no escucha a la gente y que intenta presentarse como cordero cuando en realidad actúa en contra de los intereses ciudadanos, cuidando solo los intereses de su grupo. Es un gobierno con la piel muy delgada: no admite observación ni crítica, y ante cualquier pregunta incómoda, responde con agresiones en lugar de transparencia.

Ha construido un control de medios sin precedente a través de convenios —no todos, pero sí una parte importante— y ha replicado a nivel estatal las mismas prácticas que vemos en el gobierno federal.

Creo que el reto del Poder Legislativo, aunque lo veo difícil por el servilismo que priva hacia el Ejecutivo estatal, es recuperar su función real de contrapeso: no se trata de oponerse por oponerse, sino de poner límites, vigilar en qué se gastan los recursos públicos, con qué permisos y qué leyes se están brincando.

El Legislativo debería ser garante de que el gobierno estatal esté siendo observado y fiscalizado, y lamentablemente esa función hoy no se está cumpliendo del todo: algunos diputados hacemos el esfuerzo, pero la mayoría de mis compañeros, lamentablemente, responde a lo que dispone el gobierno del estado.

“El Legislativo debería ser garante de que el gobierno estatal esté siendo observado y fiscalizado.”

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Jonathan Soriano – “Trabajemos Juntos por Puebla”

Entrevista Exclusiva: Jonathan Soriano: “la política es una herramienta de participación”

Abogado postulante en Escamilla Soriano y Consejero Estatal del PAN en Puebla, Jonathan Soriano recorre colonias y juntas auxiliares con un mensaje central: la política no debe pertenecer solo a los políticos.

Jonathan Soriano combina el litigio diario con una vocación de servicio público que lo llevó al Consejo Estatal de Acción Nacional en Puebla. En esta conversación con Ágora habla de lo que ha aprendido representando a personas en conflictos jurídicos, de su diagnóstico sobre el panismo poblano y de lo que más le repiten los vecinos de las colonias que recorre semana a semana.

— Jonathan, como abogado postulante en Escamilla Soriano, estás acostumbrado al rigor técnico y al litigio diario. ¿Cómo moldea el ejercicio del Derecho la visión de un político contemporáneo?

Mi vocación como abogado es muy satisfactoria en lo personal, sobre todo porque me da la oportunidad de servir a muchas personas.

No debería ser normal, pero en su mayoría, los conflictos jurídicos suelen ser un dolor de cabeza que afecta en la vida diaria de las personas; en verdad que no dejan dormir bien a la gente y además perjudican en la salud mental de cualquier ser humano.

Por ese motivo, a mí me gusta mucho mi vida profesional, ya que, desde el litigio de diversos temas, puedo ayudar a la gente a solucionar diversos problemas, sobre todo teniendo en cuenta la defensa y no haciendo a un lado el bien común.

— ¿Cuál consideras que ha sido el reto más complejo en tu carrera profesional como litigante y qué aprendizaje ético te dejó para tu labor pública?

Han sido varios los retos y gracias a Dios hemos ayudado a mucha gente que no tenía garantía de resolver sus conflictos.

Sin embargo, recuerdo mucho el caso del “Sr. Francisco Montes”, el cual habla náhuatl y justamente por el dialecto con el que se comunica, sufrió discriminación y no querían hacer valer sus derechos laborales en la empresa donde prestaba sus servicios.

Eso es injustificable, ya que todos tenemos los mismos derechos y no debemos sufrir ningún tipo de discriminación, mucho menos por el dialecto que hablemos.

— Como Consejero Estatal del Partido Acción Nacional en Puebla, ¿cuál es el diagnóstico real que haces sobre la situación actual del partido específicamente en la capital del estado?

Me parece que, en Puebla, al igual que en otros estados, estamos viviendo el contagio de la narrativa que se impulsó desde Morena; ellos lograron poner en contra a “ricos y pobres”, a “buenos y malos” y más allá de eso, lograron convencer a la gente de que los programas sociales son propiedad de ese partido político, lo cual es totalmente falso. Todos sabemos que los programas sociales deben continuar con o sin Morena, porque son para beneficio de la gente y los paga la gente con sus impuestos.

En este sentido y ante las denuncias de los narcopolíticos de Morena, me parece que en el Partido Acción Nacional estamos frente a una oportunidad histórica de recuperar los espacios para tomar el liderazgo de manera responsable y aprovecharlo para servir a los ciudadanos.

Los poblanos estamos padeciendo malos gobiernos que no hacen más que escudarse en pretextos para no hacer bien su trabajo.

Hoy más que nunca tenemos de frente la oportunidad de hacer equipo con la gente, trabajar juntos para que las cosas funcionen mejor, exigir que los gobiernos implementen políticas de gobernanza que ayuden a la estabilidad del estado y que podamos gozar de servicios públicos de calidad.

“Todos sabemos que los programas sociales deben continuar con o sin Morena, porque son para beneficio de la gente.”

— La ciudadanía exige que los partidos políticos renueven sus cuadros y formas de comunicación. ¿Cómo equilibrar la identidad del PAN con las nuevas necesidades y aspiraciones de las juventudes en Puebla?

Justamente mi intención de participar desde cualquier trinchera es esa. Deseo que cada vez y con mayor fuerza, se logre abrir espacios a gente joven, con nuevas ideas y con ese ímpetu de transformación para lograr cosas buenas para nuestra querida Puebla.

¿Cómo es posible hacer mejores y nuevas cosas si siempre participan los mismos? Esto ya no puede seguir pasando, necesitamos nuevas ideas, de gente nueva.

Y eso no quiere decir que se va a reconstruir la vida interna del partido o las columnas doctrinales del mismo; eso no va a pasar, porque dentro del PAN hay una escuela muy fortalecida donde los jóvenes van participando cada vez con mayor fuerza y con mejor preparación para seguir trabajando por el bienestar de México.

— Al recorrer constantemente las colonias y Juntas Auxiliares de Puebla, ¿cuáles han sido las principales inquietudes que te comparte la gente y qué alternativas o soluciones identificas para atenderlas?

En las últimas semanas he recorrido principalmente las colonias del sur de la capital poblana y lamentablemente los problemas son muchos.

Desgraciadamente, no existe una sola colonia que hable bien del trabajo de los gobiernos de Morena, ellos tienen un caos en todos lados de Puebla.

El problema principal es la inseguridad que se vive en las calles, la gente no puede salir tranquilamente a realizar su mandado porque hay temor de que la bolsa les sea arrebatada en el camino. Ni se diga del temor que se pasa a diario al abordar una ruta del transporte público; varios son los ciudadanos que tienen 2 celulares, uno con el que se comunican y otro viejito que sirve para entregar a los ladrones en caso de sufrir un asalto. Es decir que la inseguridad “se ha normalizado”, nos hemos tenido que acostumbrar a vivir así.

Esta situación es lamentable e insostenible. Y de los demás servicios públicos pues ni se diga, ¡son pésimos!

Otro de los problemas que se padece en colonias populares y juntas auxiliares es la mala calidad de las calles, ¡en todos lados hay baches! Una vergüenza para el turismo que nos visita, porque incluso hay calles en entornos céntricos o de alto flujo que también están en muy mal estado.

— ¿Qué es lo que más te expresan las vecinas y vecinos durante estas caminatas comunitarias? ¿Cuáles son sus principales preocupaciones?

La preocupación de las y los vecinos es su familia. Salir a la calle y regresar a casa sanos y salvos se ha convertido en un sueño que muchos no pueden lograr.

Por eso queremos trabajar de la mano con los ciudadanos, es necesario hacer equipo y trabajar juntos para recuperar esa confianza en las calles.

“Salir a la calle y regresar a casa sanos y salvos se ha convertido en un sueño que muchos no pueden lograr.”

— Pensando en los retos del futuro para Puebla, ¿cuáles son tus metas y la visión con la que buscas seguir contribuyendo al desarrollo de la comunidad?

#TrabajemosJuntos, esa es la clave. Porque estoy seguro de que yo tengo unos talentos que puedo aportar, pero mi vecino tiene otros talentos que suman y todos los vecinos de las distintas colonias también tienen mucho que aportar.

Esa es mi visión —hacer equipo—, porque uno solo no puede remar y llegar al destino deseado. Para lograr una Puebla diferente, una Puebla segura y con buenos servicios públicos, es importante que todos participemos.

— Finalmente, Jonathan: para los lectores de Ágora que buscan un espacio neutro e imparcial, ¿cuál es el mensaje que dejas sobre el papel que deben jugar los ciudadanos en la política actual?

Participación, porque la política no debe pertenecer solamente a los políticos; la política es una herramienta de participación, en la que todos debemos aportar y estar involucrados.

La mejora de nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país, para el bien y seguridad de nuestras familias, depende en gran medida de la exigencia y crítica constructiva a nuestras autoridades.

“La política no debe pertenecer solamente a los políticos; es una herramienta de participación en la que todos debemos aportar.”

 

📖 Este artículo forma parte de la Edición N° 001 de Ágora Revista Digital.

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