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Rafael Alejandro Micalco: “El Legislativo debe ser garante de los ciudadanos”

Entrevista Exclusiva: Rafael Alejandro Micalco: “el Legislativo debe ser garante de los ciudadanos”

Diputado local, licenciado en Administración por la UPAEP con estudios de posgrado en la Universidad Miguel de Cervantes en Chile, en el Centro de Estudios Políticos en Miami y en mercadotecnia por la Universidad de Barcelona. Con trayectoria en la función pública y política como ex Delegado Federal del Trabajo y Secretario en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Rafael Alejandro Micalco Méndez habla de su método legislativo, de las reformas que Puebla no puede seguir posponiendo y de su lectura del panorama estatal.

Con una trayectoria que incluye dos veces la dirigencia estatal del PAN, una diputación federal y tres locales, Rafael Alejandro Micalco Méndez es una de las voces más experimentadas del panismo poblano. En esta conversación con Ágora explica su método para construir iniciativas, señala los pendientes legislativos que considera prioritarios y ofrece su diagnóstico -directo y sin matices- sobre el estado actual de Puebla.

— Licenciado en Administración por la UPAEP, con estudios en mercadotecnia política en la Universidad de Barcelona y amplia experiencia legislativa: ¿cómo moldea esta visión técnica y administrativa su manera de construir iniciativas desde el Congreso Local?

Antes de proponer cualquier iniciativa, tengo que detectar con claridad la necesidad de reformar una ley: si responde a los efectos de la norma vigente, a un vacío legal o a una demanda ciudadana concreta. A partir de ahí, comparo el marco actual con lo que se propone y evalúo, sobre todo, si la iniciativa tiene impacto presupuestal.

Las reformas que afectan el presupuesto del gobierno estatal o de alguna dependencia son mucho más difíciles de consensuar: exigen un análisis financiero detallado, desglosar y proyectar el gasto hacia el siguiente ejercicio fiscal, y ahí es donde muchas veces la iniciativa se retrasa —o incluso no prospera— por límites presupuestales o por falta de voluntad política de quien administra esos recursos.

En cambio, cuando una propuesta no compromete el presupuesto —por ejemplo, cuando se trata de mejorar condiciones para la ciudadanía sin generar gasto adicional en personal o en nuevos instrumentos— el camino para sacarla adelante es mucho más sencillo.

— Ha impulsado reformas en materia de protección civil, privacidad de datos personales y fortalecimiento institucional. En la coyuntura actual de Puebla, ¿cuáles considera que son las iniciativas prioritarias que no pueden quedarse en la congeladora del Congreso?

Las que no pueden quedarse en la congeladora son, en primer lugar, las relacionadas con el combate a la corrupción. Hoy más que nunca vivimos esquemas y decisiones que se prestan a ella: faltan candados, reglas e instrumentos que acoten las decisiones de quienes gobiernan, tanto a nivel local como federal.

En segundo lugar está la transparencia, porque a mayor transparencia, menor corrupción. En el caso de Puebla, lamentablemente, sigue siendo una asignatura pendiente: buena parte de la información que podría resultar incómoda para el gobierno del estado se reserva por años, sin mayor explicación, en temas que van desde convenios con medios de comunicación hasta obra pública.

El tercer tema urgente es la salud, un sector deteriorado por la falta de recursos, medicamentos e insumos en los hospitales. Y el cuarto es la seguridad: la incidencia delictiva ha crecido, y cada vez son más los funcionarios municipales vinculados a investigaciones por presuntos nexos con el crimen organizado. Solo en Puebla hemos visto la detención de siete alcaldes, con al menos cinco más bajo investigación —una cifra sin precedente que, considero, debería encender las alertas.

“A mayor transparencia, menor corrupción.”

— Como dos veces dirigente estatal del PAN y referente histórico de la militancia, ha sido una voz firme respecto al rumbo interno del partido. ¿Qué necesita el panismo en Puebla para reencontrarse con su ciudadanía y recuperar espacios de representatividad?

He sido militante con un estilo frontal para abordar los temas al interior del partido: crítico, pero también propositivo. Con la experiencia que da un largo recorrido en esto, creo que, para que el partido recupere ese vínculo con la sociedad, necesitamos abanderar causas sociales concretas.

Entre ellas, el tema de la inseguridad, los temas de coyuntura y de cultura, la exigencia de rendición de cuentas y señalar con claridad los excesos del actual gobierno estatal, empezando por funcionarios de bajo perfil que cometen errores graves por falta de experiencia en el ámbito público.

Esos son los temas que preocupan a la ciudadanía, y si como partido no hablamos el mismo lenguaje, no compartimos ese horizonte ni abordamos públicamente lo que le importa a la gente, no vamos a recuperar esa relación de representación con los ciudadanos.

— Más allá de la curul y las comisiones, ¿quién es Rafael Micalco cuando no está en la tribuna? ¿Qué principios guían su día a día?

Rafael Micalco es un ciudadano común y corriente, con una vida cotidiana como la de cualquier otro: con un trabajo —que en mi caso es público—, con un horario y con objetivos, como cualquier otro empleo.

No me gusta el abuso de poder ni aprovecharme del cargo para fines personales, y procuro no ir más allá de lo que la responsabilidad exige. Mi vida personal la llevo como la de cualquier ciudadano normal.

— Con un recorrido sólido que abarca diputaciones locales, federales y la dirigencia de su partido, ¿hacia dónde apunta su proyecto político en el mediano plazo? ¿Cuáles son sus aspiraciones rumbo a los próximos procesos en Puebla?

Ya llevamos un recorrido importante en esta vocación política: he sido en dos ocasiones presidente estatal del partido, una vez diputado federal, tres veces diputado local, secretario general del PAN estatal, delegado federal del trabajo en Puebla, coordinador de campaña, consejero nacional y consejero estatal, entre otras responsabilidades.

En este camino he aprendido que las cosas se dan cuando uno hace bien su trabajo, y que lo

que venga dependerá de la coyuntura, de las necesidades del partido y de las circunstancias que se presenten. Hoy no podría decir con certeza qué posición ocuparé más adelante: podría ser desde una regiduría hasta una diputación federal, o bien apoyar la próxima campaña desde otra trinchera, organizando el trabajo municipal o distrital, e incluso cuidando el voto ciudadano el día de la elección.

Creo que hoy, más que nunca, el voto tendrá que cuidarse con puntualidad, porque las autoridades electorales, tanto locales como federales, están sujetas a presiones de los gobiernos en turno, y se necesita mucho de la ciudadanía para vigilar esas votaciones. Lo que sí puedo asegurar es que no voy a estar fuera de la actividad pública ni partidista: seguiré aportando desde la trinchera que me toque, porque estoy convencido de que ese esfuerzo conjunto —el del partido y el de los ciudadanos— abonará a corregir el rumbo del país en la elección de 2030.

“No voy a estar fuera de la actividad pública ni partidista: seguiré aportando desde la trinchera que me toque.”

— Si tuviera que definir el mayor desafío que enfrenta Puebla en este momento y la solución indispensable desde el Poder Legislativo, ¿cuál sería su diagnóstico directo?

Hoy tenemos un gobierno estatal autoritario, que no escucha a la gente y que intenta presentarse como cordero cuando en realidad actúa en contra de los intereses ciudadanos, cuidando solo los intereses de su grupo. Es un gobierno con la piel muy delgada: no admite observación ni crítica, y ante cualquier pregunta incómoda, responde con agresiones en lugar de transparencia.

Ha construido un control de medios sin precedente a través de convenios —no todos, pero sí una parte importante— y ha replicado a nivel estatal las mismas prácticas que vemos en el gobierno federal.

Creo que el reto del Poder Legislativo, aunque lo veo difícil por el servilismo que priva hacia el Ejecutivo estatal, es recuperar su función real de contrapeso: no se trata de oponerse por oponerse, sino de poner límites, vigilar en qué se gastan los recursos públicos, con qué permisos y qué leyes se están brincando.

El Legislativo debería ser garante de que el gobierno estatal esté siendo observado y fiscalizado, y lamentablemente esa función hoy no se está cumpliendo del todo: algunos diputados hacemos el esfuerzo, pero la mayoría de mis compañeros, lamentablemente, responde a lo que dispone el gobierno del estado.

“El Legislativo debería ser garante de que el gobierno estatal esté siendo observado y fiscalizado.”

📖 Este artículo forma parte de la Edición N° 001 de Ágora Revista Digital.

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